Un instituto que emergió de la oscuridad de una guerra y se instauró como una nueva oportunidad
 
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Iván Válkov
 

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 Íntimo nocturno {Privado — Sassha Válkov } {+18}

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Iván Válkov
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MensajeTema: Íntimo nocturno {Privado — Sassha Válkov } {+18}   Miér Abr 20, 2016 4:08 am

Por diversas cuestiones; Sassha e Iván llevaban posponiendo esa reunión durante semanas. El progreso que el pelirrojo había tenido gracias a las ayudas del menor estaban rindiendo frutos; como cada cosa en la vida, habían tenido sus contratiempos y malentendidos. Las cosas no fluctuaban con la rapidez que Iván hubiese deseado. Casi como pasatiempo cruel, parecía que los dioses o las parcas se empeñaban en distanciarle de Sassha.


Sassha se viste de negro. Y se descubre (Iván) lleno de una necesidad impetuosa de escupirle odio en la ropa para que se le manche y lo sucio entre ellos y que los une, no sea únicamente su conciencia. Por ejemplo cargando gasolina cerca de su bloque de departamentos tras haber comprado algo de comida rápida, Iván se descubre a sí mismo observando a Sassha ir y venir entre sus pensamientos que pululan y parecen condensarse con facilidad sobre ellos. Iván ha querido mostrarle el departamento porque le parece un avance notorio en la reintegración al mundo; estaba acostumbrado a vivir en cuatros de moteles porque sólo llegaba a bañarse y dormir, sin embargo tras considerar la idea de que era un trabajo “estable” lo que tenía ahora, y había alguien por quien quería quedarse; se dio cuenta que comenzar a pensar en rentar o comprar no sonaba tan descabellado como al principio. No es que tuviera menos problemas con las cuentas, a veces le era imposible siquiera pronunciar las sumas.

Luego de unos minutos de trayecto tras las aceras y los entroncamientos; el discreto bloque de color ladrillo los recibió. Tras asegurar la camioneta en el estacionamiento del edificio y cargar las bolsas con comida, guió al menor  por la entrada y el elevador hasta su piso. Este era el último y tenía habitaciones más espaciosas. No era nada lujoso ni nada muy elegante; era bastante discreto y minimalista en la decoración: negro, blanco y turquesa. Todo estaba reluciente, muy limpio y el porcelanato de los adornos negros sobre las mesas reflejaban la vista del ventanal central que abarcaba la pared completa de la sala y daba vista a la calle principal.



—Es… quería- mostrártelo apenas lo había— rentado. —musitó el pelirrojo, tras dejarle pasar y luego cerrar la puerta principal. Iván era muy meticuloso en ese aspecto, había comprado un sistema de seguridad y cámaras, también dos candados extra para la puerta. No es que alguien le estuviera persiguiendo. Nadie perseguía a nadie en este mundo; pero fue una vez él mismo quien burló los sistemas de seguridad de personas inocentes que no merecían haber muerto en sus manos. Quizá fueran más bien los fantasmas del pasado los que burlaran las cerraduras, y estos le causaban más dolor que los vivos—. Está— siéntete en confianza—. Le animó, y aunque conocía a Alexandría, y sabía que no tenía por qué decirlo, quiso sentir de cierta manera que estaba teniendo un lugar y una persona de la que debía hacerse responsable. A final de cuentas, él se sentaba en el sillón de tapiz negro y encendía un cigarrillo con ansiedad, como si necesitara de la nicotina para seguir respirando, y esperaba que Sassha curioseara en ese lugar. 
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MensajeTema: Re: Íntimo nocturno {Privado — Sassha Válkov } {+18}   Vie Abr 22, 2016 10:50 am

Sabía que era un imbécil, y es que las palabras resbalaban por sus oídos, lacerando, embelezando lentamente su cuerpo, su razón y su voluntad: Su teléfono sonó, sin dudarlo un segundo respondió de inmediato. No era importante lo que el pelirrojo deseaba, sino el hecho de que realmente deseaba seguirle escuchando. No entendía lo que aquella voz le decía, no quería entenderlo. Sabía que no tenía ningún sentido; al final, siempre volvería ahí. Torció una sonrisa desde el otro lado del auricular, como si lo tuviera frente a frente y quisiera demostrarle que podía fingir confort, especialmente porque ambos sabían que sería fingido.


Cuando lo miró acercarse en su camioneta, su pecho ardió. Respiró agitado y, en su garganta, un nudo se formó. Tragó saliva con pesadez, pensando en las muchas maneras en las que podría recriminarle, esta vez, el haberle dejado solo, pero la idea volvió: él merecía esa soledad, de esa manera, y sólo así, podría comenzar a valorar cada instante a su lado, pues hasta ahora, simplemente había dado por hecho que siempre sería Alexandria para él. ¡Qué ingenuo! Lanzó una carcajada, sintiendo pena por sí mismo. Era un ridículo sin dignidad.


El vehículo se detuvo frente a él y lo abordó. Como reacción inmediata, se acomodó el cinturón de seguridad y bajó la ventanilla. Era como si la presencia del otro, de su preciado amigo de la infancia, lo sofocara. No comprendía porqué, pero el simple aroma que Iván desprendía, parecía estrangularlo. Llevó sus propias manos hasta su rostro, oprimiendo sus sienes, y de un momento a otro, comenzó a reír. No sabía qué hablar con el otro, no necesitaba hacerlo. No había nada que pudiera decirle. De hecho, no había nada que hacer, pues todo estaba ya escrito: él era un desecho y no más. Siempre había sido botado como la basura que, seguramente, era. Pero ahora, todo era mejor, porque había encontrado una basura con quien compartir, un nuevo mejor amigo con quién estar. Alguien que le amara y a quien amar. 


En su mente se repetían frases sin sentido, eres desechable. No podía escuchar, no podía ver. Envuelto por la atadura de su mediocridad, las palabras ajenas rebotaban como si se tratara de una enorme valla, una burbuja de plástico que lo protegía. Entonces se detuvo el auto y comprendió todo. ¿Así que de eso iba la vida? Repetir, cometer una y otra vez el mismo error, volver a ser. Al final, donde la nada existía, no había nada. Su destino, como lo había sido anteriormente, era el ser utilizado, vivir a base de vejaciones y suplicios. Podía visualizar su cuerpo sobre el lecho del otro, sus labios marcándolo y la sangre corriendo por su entrepierna. 


Una risita.


Así debía ser, así sería. Siguió al otro hasta la entrada, aunque no puso mucha atención. No quería tener la conciencia de dónde estaba, no quería poder volver una y otra vez a aquel lugar, a aquella vida y a él. Ya lo había hecho. 


-Uno siempre regresa a su origen, es ahí a donde uno pertenece. -Musitó mientras entraba al departamento. Analizó ligeramente el lugar, aún evadiendo las palabras ajenas, mirando las paredes y los mosaicos. Era interesante, sencillo, pero no comprendía el porqué, si ellos, ambos, no eran particularmente eso, sencillos. Si tuviera que pensar en una alegoría que pudiera representarlos, sin duda alguna serían demonios, concretamente, el diablo, aquel ángel caído que se arrastraba tras ser expulsado por no cumplir con el mandato divino. Torció una mueca: No. Él mismo sabía que jamás había tenido alas como para perderlas. 


El olor del tabaco caló su nariz y no pudo evitar acercarse a él de nuevo. Una vez más, volviendo a su origen, a lo que ya conocía. Le extendió la mano, exigiendo su propio cigarrillo. Si se mataría estando ahí, se mataría también físicamente. Al final, ¿qué era el cuerpo sino su recipiente? No era nada, volvería algún día a ser nada. La nada. Ahora sólo disfrutaría.
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Iván Válkov
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MensajeTema: Re: Íntimo nocturno {Privado — Sassha Válkov } {+18}   Dom Abr 24, 2016 8:02 am

Había un abismo metafórico entre sus pulsos convalecientes, Iván iba virando en todas las direcciones cuando la voz serpenteaba por sus oídos y acariciaban el punto exacto donde él quería que llegara. Nunca fue afecto a los engaños, el sentido común se le resbalaba de las manos porque no le interesaba; pero esta vez estaría mintiendo de decir con falsa ventaja que sabía lo que ahogaba la mente de Sassha. Varios recuerdos con su voz se destapaban y circunvalaban por su mente, recuerdos de la infancia con su hermano y su mejor amigo. Había enterrado esos recuerdos en lo profundo de su podrido cerebro, porque ellos se habían perdido como su humanidad, no existían y no eran nada ya. Incluso ahora seguía siendo un animal al acecho que cazaba por sobrevivir y sobrevivía porque tenía instintos primarios.


Iván optaba por liberar a Alexandría, era todo una relación inexistente donde se trataba de romper-alimentar-subyugar. Luego de lanzarle la cajetilla, se había dado cuenta que mantenerle en una jaula de cristal y oro para que hiciera con él lo que quisiera iba en contra de los principios de ambos. Iván quería liberar a Alexandría, quería que lo liberara a él, luego quería amedrentarlo, al siguiente momento quería abrazarlo y luego desarmarlo, y armarlo y dejar que le compusiera y le destruyera y le arreglara y lemanejaralaexistencia-

Pero el tiempo transcurría demasiado lento; y él sólo palmeaba el cuero del sillón para que el chico se sentara a su lado hasta que ambos tuvieran hambre suficiente para dejar de ignorarse en compañía como lo hacían, hasta que las escasas memorias de Iván rellenaran los huecos de su alma y de su cabeza, intentando comprender el motivo por el cuál seguía de pie en ese lugar y no estaba hundido bajo la tierra como debió ser después de que le desecharan del ejército tras el término de la guerra. Él sólo deseaba enterrar sus manos en el cabello de Alexandría y se preguntaba qué tan factible era aquello. No es que alguna vez hubiese sido especialmente inteligente; pero cualquiera con dos dedos de frente podría notar lo arisco que se comportaba el menor. Iván sabía que la había cagado en grande y no sabía como menguar el error que le tachoneaba las cicatrices de forma violenta.


-Pensaba… quizá querrías quedarte unos días. –Lo había dicho sin pensarlo mucho; Iván sólo era consciente de lo que decía y no de lo que lo demás querían entender por ello, es por eso que vivía en paz consigo mismo al respecto: al menos tenía la certeza de que hablaba claro y directo. Quizá sólo era cierto egoísmo mórbido el que tenía por querer retener a Alexandría a su lado tanto como podía. O quizá sólo era una idea estúpida, porque en ese juego de amo y mascota, él no podía atar a Alexandría a su lado, no, las mascotas no podían estar atadas.



Y Alexandría no era la mascota, por supuesto que no lo era.
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MensajeTema: Re: Íntimo nocturno {Privado — Sassha Válkov } {+18}   Mar Abr 26, 2016 1:13 pm

Atrapó, por mero instinto, la cajetilla y sacó un cigarro de ésta.No tenía con qué encenderlo, salvo con el fuego del tabaco prendido que el otro calaba. Sin dudarlo, con la mirada apagada, como si existiera una tela sobre sus pupilas, obedeció la orden del enfermero del instituto y se sentó a su lado, acercando su rostro al ajeno, uniendo la punta de ambos cigarrillos y dando una fumada para poder compartir la flama. Cuando lo logró, se alejó sin más. No tenía intención de ser amistoso, no quería tener contacto con la agobiante esencia que el otro expedía. Éso sólo sería como una abrumadora flagelación de lo que había vivido en los últimos años. Se echó para adelante sin poder evitarlo, como si tratara de resguardarse cabizbajo. 


Miedo.


Sentía miedo de sí mismo. 


Dio una calada al cigarrillo, que recién había encendido, y miró a Iván con el rabillo del ojo. El constante zumbido en su mente no le permitía escuchar la voz del otro, ni siquiera podía escuchar sus propios pensamientos. Llevó la mano izquierda hasta su rostro ante el azoramiento que presentó cuando intentó forzar a su cerebro a comprender el contexto en el que se hallaba: El pelirrojo lo había desechado como basura, probablemente como la que era, y ahora estaba ahí, en su departamento, sentado a su lado. Sabía que no había sido citado para ver una película romántica, ¡oh, no! Eso era cosa de esas bobas niñas santurronas, como las que acudían a su escuela. 


Había una sola cosa para la que él servía, y estaba claro que sabía cómo llevarla a cabo: Por principio de cuentas, se puso de pie y abrió, con cautela, el cierre de su chaqueta con la mano que tenía libre. Se acercó, de un movimiento rápido, al que alguna vez fue la persona más importante en su vida y, osadamente, subió de forma retadora un pie al sofá, dejando poca distancia entre ambos cuerpos. Acercó el cigarrillo a sus labios, reteniendo el tóxico humo en sus  pulmones.  Miró, esta vez desde arriba, al objeto de su desprecio, aquella persona que quería tener cerca por siempre, y torció una sonrisa. Su camiseta, holgada, gastada, que dejaba ver su nívea piel, resbalaba por su cuerpo mientras se agachaba para tomarlo con fiereza de la camisa y lo atraía hasta su cuerpo, besando con desesperación los labios que alguna vez fueron suyos.


Había vencido. Ahora podía darse por satisfecho, pues había enviado el mensaje claramente. Si iban a hacer algo, era eso, no más. Con el mismo gesto en su rostro, expulsó el humo por las fosas nasales, de la misma forma que lo haría un toro, como si aquella niebla nociva fuera en realidad la aflicción en su alma.
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Iván Válkov
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MensajeTema: Re: Íntimo nocturno {Privado — Sassha Válkov } {+18}   Miér Abr 27, 2016 4:22 am

Iván intenta comprender todo lo que los conlleva a estar allí en ese momento. No es que no lo sepa; no es que no lo imagine por las mañanas o las tardes cuando le tiene que dar tragos a bebida o tiene que fumarse siete u ocho cigarrillos por que las manos le tiemblan. No es que no sepa que Alexandría y él están igual de podridos y es por eso que deben estar juntos. No es que no se desprecie más a sí mismo por arrastrar a Alexandría a ese acantilado de desesperación en el que parece haberse fundido. No es que no conozca las espinas que le cortan las piernas o las catarinas de pecado que le caminan por las rodillas hasta que sus manos las alejen por completo de su piel. No, Iván lo sabe, pero no le cabe en la cabeza. Por el contrario sólo está allí observando al menor, al cabello oscuronir y venir y a la piel blanca que se flexiona y que se estira por cada movimiento del chico. 




El silencio le está matando; incluso si Iván no tiene mucho con qué enmendar cada error que ha cometido en la vida, él continúa luchando por ignorarlos. Más no es fácil ignorar las provocaciones a la carne y es Alexandría la tentación encarnada. Es el movimiento sigiloso y la manera en la que le aprisiona entre su pie y él. Iván no es adepto a los tratos amables. Hace mucho olvidó la parte humana de su cerebro con la que trataba con tiento a los demás. Y si embargo lo recuerda bien, sostiene a Alexandría cerca de él y le masajea los labios con los suyos. Las manos acarician llenas de anhelo las mejillas suaves y prueba el tabaco de la boca ajena con la propia. Hay ciertas escenas que no son nítidas en su cabeza, pero todas se tratan de Alexandría y él escondiéndose uno del otro o durmiendo juntos. Hay otras tantas de cuando son ambos un tanto mayores (y aún está a salvo) besándose bajo las sábanas. Iván lo prefiere de ese modo. Él resbala las yemas de sus dedos mallugados y llenos de gusanos por la piel de leche; palpando las suaves texturas que le desquician. Sus labios inquietos van a su mejilla y sus manos le toman por los costados para atraerlo a su cuerpo. Los labios siguen el curso y dejan besos vaporosos sobre la base del cuello. Quiere decirle que no se vaya, quiere decirle que lo quiere a su lado y que quiere quererlo como quiere, pero las palabras se atascan y se atraganta en un amor que quiere que los consuma.




Pero a ciertos ratos quiere más destruirse de dentro hacia afuera, con sus garras y dientes y que su sangre corra asustada como una liebre; pues hay un insecto llamado odio que vive en su piel y se ríe en algarabía mientras desliza sus manos y ronronea sobre la piel, y luego sorbe. Luego muerde y estira la piel del cuello con tiento, Alexandría es esa obra de arte que desea plasmar en su vida y no dejar escapar nunca; es por eso que ahora se dice, ha sucumbido a sus necesidades. Y esconde su propia necesidad de tenerlo.
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